Ese ocaso de mis horas
que muere en las alfombras,
en mi lejanía de tenerte
con tu sonrisa silente.
Hoy mi llanto es tu suerte
y todo lo que pretendes,
tus pinceles y pinturas
esas codiciadas figuras.
Ya se marchan tus pasos
olvidando mis ocultos prados,
de donde nacen palabras vacías,
el mismo canto sin sinfonías.
Y clama el sendero de la noche
por el derroche pasional ,
el fino y ansiado broche
del néctar de tu roja boca.


