Se ensortija
el cielo
de tanto brotar amores,
en los oceános encantados,
valles refugiados
con el pistilo solar.
Noches,
destellos fértiles
de almas inocentes,
el viento se hace cómplice
de las bocas tejidas
con frases de pasión.
Los vientres se vuelven cauces,
delirios ambivalentes
para preñar
las pupilas misceláneas.
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